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Hoy hace un siglo que se fundó nuestra Universidad de Puerto Rico.  De perfil sencillo al momento de su nacimiento, la Universidad remontó los marcos que le asignaban competencias limitadas.  Creció en complejidad y en tamaño, como creció en energías que le permitieron cumplir con los cometidos que impuso la modernización del país.  Creció en su capacidad de convocar la intelectualidad puertorriqueña hasta convertirse esta casa universitaria en nuestro gran proyecto cultural.

 

De esas primeras gestas, la Universidad generó grandes fortalezas; fortalezas que le permiten imaginar futuros; fortalezas que le permiten concebir agendas aún más ambiciosas para tiempos tan desafiantes como los ya vividos.  Son las fortalezas de su docencia, las fortalezas de sus creadores, las fortalezas de un alumnado de crecientes capacidades; las fortalezas que surgen del respeto y del apoyo que recibe del país, las fortalezas que deriva de su gran aportación a Puerto Rico: sus egresados.  Sobre esas fortalezas nos corresponde delinear los nuevos horizontes de un segundo siglo.

 

La Universidad del nuevo siglo renovará sus propósitos.  La docencia se nutrirá de currículos fortalecidos, así como de equipamientos tecnológicos adecuados y espacios que la propicien por su belleza y funcionalidad.  Se intensificará la producción de conocimiento tanto en las ciencias experimentales, como en las artes, las profesiones y las ciencias humanas.  Se ensancharán nuestras aperturas al mundo en tiempos en que la sociedad de conocimiento no puede concebirse sino en t’rminos de globalidad.

 

El mejor homenaje que ofrecemos a los universitarios al centenario de la Universidad de Puerto Rico es producir esa renovación con esmero y entusiasmo; es lanzarnos a construir su futuro con imaginación y con empeño.  Porque al fin y a la postre, lo que celebramos hoy, 12 de marzo, tiene que ver con la Universidad que queremos conformar para el siglo XXI. 

 

Antonio García Padilla, Presidente

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